Lima en mi Corazón – Un Paseo por el Mercado

Hace unas semanas mi hijo se casó en Lima, así que aterricé en la ciudad que fue mi hogar por muchos años y, tan pronto como me fue posible, tuve que visitar unos de los muchos mercaditos que hay en todos los barrios de la ciudad. No pude evitar tener varios flashbacks al ver tantos productos fresquísimos que vienen a diario de los distintos valles de la Costa, de las alturas de la serranía, o de la frondosa selva amazónica.

Cada casero tiene su puesto rebosante de frutas, vegetales o cereales que han viajado varias horas para llegar a nuestras mesas. Aquí se encuentran quesos de todo el país, carnes variadas, pescados y mariscos fresquísimos, flores recién cultivadas, especias, palos de canela que miden más de un metro de largo… la lista es interminable.

Estos sitios están llenos de vida, con un movimiento constante de gente que va de un lado para otro, comprando y vendiendo de todo para la comida del día o para la semana entera. Se escucha música a todo volumen, conversaciones salpicadas de lisura y picardía, risas, tal como una mini versión de los mercados persas, donde los compradores pueden encontrar todo lo que se les ocurra.

Cada casero tiene su puesto rebosante de frutas, vegetales o cereales.

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Los vendedores de pescado son sumamente hábiles. Uno elige el ejemplar que desea y ellos, en cuestión de minutos, lo limpian, deshuesan, filetean, y se lo entregan en una bolsa plástica, con las recomendaciones del caso sobre cómo cocinarlo. Los huesos y las cabezas son para el caldo o una sopa ligera.

Ellos aconsejan a la clientela sobre cuál es el mejor pescado del día para el cebiche, o para el chicharrón, para hacer un sabroso sudado o cocinarlo al horno, y lo cortan según para lo que se va a destinar.

Muchos de ellos preparan al momento, y a la vista del cliente, nuestro delicioso cebiche para los hambrientos de media mañana. Solo pasar por estos lugares nos abre el apetito.

Los caseros, que es como acostumbramos llamar a los comerciantes, disfrutan de lo que hacen y se divierten a lo largo del día. Muchos tienen relaciones de años con sus clientes, a los que conocen de nombre y ya saben lo que les gusta, y les encanta mimarlos guardando para ellos lo mejor del día. Además, al terminar la compra se usa dar un regalito –una fruta o vegetal- para que el cliente se vaya contento. Esto se conoce como yapa.

Vi cosas novedosas que me gustaría contarles: Tienen una fruta ovalada con la piel llena de pelo verde, que se llama champú, y la recomiendan para lavarse el cabello con ella. Dicen que nutre el pelo y lo deja reluciente y sedoso, por eso el nombre.

Compré una chirimoya tan grande que pesó más de 1.5 kgs. Dulcísima y fragante, fue un manjar cuando la comimos, bien heladita. Las chirimoyas se comen frescas o en muchos y diversos postres.

También llevé lúcuma, con su textura harinosa y su particular perfume, es principalmente consumida como postre, en helados o en batidos con leche. Me gusta licuar la pulpa con leche condensada y vainilla. Entonces tengo dos opciones: agregarle leche y tomarla como batido, o mezclarle crema batida y ponerla al congelador para comerla más tarde como un semifreddo. !Es deliciosa!

Y en eso vi una canasta llena de pacaes y no pude resistir la tentación de comprarlos.

En Nicaragua los conocen como guabas, son unas vainas verdes y grandes, producto de un árbol, y en su interior tienen unas semillas negras brillantes recubiertas por un terciopelo blanco, de una textura y un dulzor inolvidables. No sé exactamente cómo describirles esta fruta. Solo hay que chupar la semilla hasta que la capa blanca desaparece, entonces es el momento de botar esa y comenzar con una nueva. Es verdaderamente delicada, ya verás cuando la pruebes. En El Salvador estas semillas se llaman “paternas” y se comen cocidas. No me gustan para nada (lo siento, salvadoreños).

Disfruté mucho este paseo, especialmente porque me tocó un día soleado, algo inusual en esta época del año en que ya el invierno está presente y los días son grises y húmedos casi hasta que termina el año. Mi hija no soporta este clima, al igual que muchos limeños, pero yo lo amo y me encanta disfrutar del frío y de los días nublados y grises.

Pronto publicaré más fotos de este viaje. Para todos ustedes que han estado en Lima, será un encuentro virtual con la ciudad y, si nunca han estado aquí, es mi deseo que pronto planeen visitarnos. Perú es un país precioso y su viaje será una experiencia inolvidable.


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  1. […] a taste of our unique dishes, and fancy restaurants are sometimes booked for months in advance. But the markets… that’s a whole different -and in my opinion, more fascinating- […]

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